El peso de una mala decisión

Criando Cusucos, Leo

Ya no soy el mismo de antes.
Ha cambiado mucho mi entorno y por ende cambié yo. Cambié yo y transformó como se desarrolla mi vida. Mis decisiones tienen diferentes prioridades y en una de las fallé.

Cuando se es joven el peso de las malas decisiones no tiene consecuencias tan graves. Hoy es de 13 de febrero y esta semana hemos tomado decisiones que cambiarán nuestro futuro de una manera abismal.
Cerraremos un negocio para abrir otro en lo que no conocemos casi nada.
Tenemos varias deudas personales como del negocio y me he sentido al final del túnel. Atrapado sin poder hacer nada para salir de allí.  Mi suegro nos ayudó a abrir los ojos y tengo que admitir que no tenía que haber sido él.  Tuve que yo habernos sacado de ese hoyo. Yo, que soy padre de dos niños magníficos y esposo de una mujer grandiosa. No siempre se piensa con la cabeza pero esta vez no pensé bien.  Me quedé en el hoyo porque lo conocía, porque era mi zona de comfort.

Ahora que hemos decidido entrar en este nuevo mundo les pido una pequeña oración por nosotros. Que tengan la sabiduría y la agilidad para actuar.  Aun nos falta mucho camino complicado por andar pero tengo la mejor compañía del mundo. Con ella tengo 2 opciones : preocuparme constantemente que los llevaré a su ruina o pedirle a Dios sabiduría para actuar, hacerlo y disfrutar del camino que es la aventura de nuestras vidas, de la única que tenemos.

No crean que estoy tranquilo.  No lo estoy. Como dirían los gringos,: I’m shitting bricks here. Sin embargo me rehusó a ser negativo. Tengo una familia que amo y es en ella y por ella que me siento motivado.  Espero que dentro de 3 a 6 meses nuestras historia sea otra y el panorama tenga más campo floreado. Por ahora les pide ese favor y les dejo imágenes de mi inspiración.
Un saludo,
Leo

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Su primer diente ya visible

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El se hizo su propia trompa de elefante

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La dificil tarea de la perseverancia

Criando Cusucos, Incentivar a los niños, Leo

La vida parece ser mucho más fácil cuando uno simplemente recoge los juguetes después de sus hijos. ¿Cuanto tiempo nos toma? ¿3 minutos? ¿a ellos? Entre 45 minutos y 3 años luz. Darles de comer más fácil que limpiar la ropa, el pelo, las manos, el mantel, el suelo, la pared, el carro y la pared de la casa del vecino de spaghettis. Sin embargo no debemos ceder. Esta es la enseñanza que les estamos dando. Ellos deben aprender a guardar sus juguetes, a comer con su tenedor, a controlar el vaso de agua sin derramarlo, a guardar las bolsas del super mercado. Estamos enseñándoles a ser humanos y unos que valgan la pena como adultos.

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Nosotros estamos estado sin ayuda en la casa por el último mes y medio y, mientras más nos ve Lucas recoger las cosas, más nos ayuda. Más le pedimos que haga. No me malinterpreten. No le estoy pidiendo que nos haga el desayuno. Cada edad tiene un rango de colaboración. Me emociona tantísimo ver a Lucas ayudar a su mamita linda a guardar los pañales de Leo, a botarlos a la basura y a traer uno nuevo.

Todo es un proceso de aprendizaje. Absolutamente todo. Es aquí donde debemos enfocarnos en enseñarles los valores que deseamos que posean como adultos.

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Hemos botado basura, regado las plantes, operado Leones que no se podían parar más, bañado a nuestra mascota Peanut, etc, etc. No crean que nuestra casa está limpia al 100%. Son 2 niños los que tenemos y no somos magos. Tenemos que trabajar y trabajar mucho pero es parte de la idiosincracia de la vida. Espero que mis hijos aprendan el valor del trabajo y me enfocaré en enseñárselo cuando tengan edad.

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Me di cuenta hace poco que esto de “PERSEVERAR” no se limita a las enseñanzas fáciles. Si, enseñarle a tu hijo a que tomar en un vaso sin tapadera es fácil por más agua que sea derramada. En una piñata Lucas se quería subir a un saltarín y para quien lo conoce sabe que le encantan esas cosas pero entra temeroso. Nosotros lo incitamos a abrirse a experiencias nuevas que le ayuden a salir de su zona de comfort. Es allí donde encontramos una batalla que me costó a mí mucho y me llevo a escribir este post. Mirá la siguiente foto.

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Este era nuestro talón de Aquiles. Aquí es donde Lucas sintió temor y frustración. Del otro lado de este tipo de escalera hay un deslizador al cual Lucas quería llegar. Cuando Lucas llegó a esta parte del saltarín se detuvo por un par de minutos. Otros niños subieron y se dio vuelta y me dijo, “Ayuda Papá.” Algo completamente inocente. ¿Como no le voy a ayudar? Lo hago a diario para bajarse de la silla del comedor, a alcanzar algún animal que está atrapado debajo de la cama, a quitarse la camisa, a abrir algún jugo, etc.

Sentí como todo dentro de mi decía “Andá Leo — tu hijo te ocupa —  es algo complicado —  ayudale a divertirse.” Sin embargo algo dentro de mi me detuvo. Yo sabía que él podía. Otros niños lo habian hecho y está diseñado para niños pequeños. Me quedé allí. Del otro lado y lo comencé a alentar. “¡Vos podés subir eso Lucas! ¡Claro que si! Andá.” Le di mil instrucciones y comenzó. Luego se deslizaba y se enojaba. Frustrado, sin poder escalar, gritaba “¡Ayuda papá! ¡Tatas (su apodo para si mismo) no puede! ¡Tatas no puede!” acompañando las palabras con lágrimas. Comenzó el llanto pero yo le seguía alentando. Mi corazón se hacia pedazos. Habían pasado como tres minutos y él no había podido subir. ¿Lo subo? ¿Le ayudo a escalar por lo menos? Pero me quedé allí. Pasaron lo que yo sentí que fueron 30 minutos pero lo más seguro fueron otros cinco. Cada vez que se deslizaba gritaba de cólera Lucas y mi miraba, con ojos llenos de lágrimas y dudas. Yo le respondía con amor y seguridad, “Yo sé que podés hijo. ¡Te falta poco!,” y hacía todo para que mi lenguaje no verbal dijera la mismo. Confianza en él mismo es lo que debía de transmitirle y palabras de amor y de aliento. Al final, cuando llego, su cara de gozo fue uno de las recompensas escondidas que más aprecio. Allí, en su rostro aún con lágrimas brillaba una sonrisa que cargaba orgullo y emoción. Lo había hecho y completamente solo. No tardó en bajar por el otro lado del deslizados y volver a intentar. Se seguía frustrando por que no podía subir rápidamente y después de que lo hizo solo unas veinte veces más me subí a acompañarlo. Le ayude a subir al final, pero simplemente al final cuando ya tenía sueño pero no quería parar de jugar.

wpid-20150912_121039.jpg Luego partimos el pastel, le pegamos juntos a la piñata y nos venimos a la casa. Fue un día que recuerdo con alegría. Batallamos al gran monstruo del temor y la inseguridad. Le cortamos la cola y pasamos sobre él. Este es un monstruo que nunca muere pero se debe aprender a dominar. Esta vez lo hicimos juntos. En esto también debemos perseverar. En la lucha contra los demonios internos a pesar de querer protegerlos de la bestia. Debemos dejarlos afrontarlos, a pesar de que como papas no queramos, a pesar de que sea fácil olvidar la importancia de enseñarles a batallar y defenderse por su cuenta propia. Ayudémosles mientras los monstruos sean pequeños y controlables. No los dejemos llegar a ser adultos cuyos encuentros son más difíciles y con mayores consecuencias.

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Encomendémoslos y protejámoslos enseñándoles el camino más recto, más gallardo, menos transitado.