Tengo un reto

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NO importa cuanto tiempo pasae los niños tienen la particularidad de estar llorando desconsoladamente en un momento y reirse con el mayor gozo en el próximo segundo. Siempre. Los niños son felices y alegres siempre. Claro, hay niños con un toque más oscuro pero en general los niños son fuentes inagotables de energia, gozo e imaginación. Cuanto quisiera yo ser de esa gente que dice VAMOS y no tiene una pereza horrible de ir a cenar a aquel lugar, de ser una persona que no se agobie con los problemas del día a día, de ser una persona que simplemente de luz.

Fallo queridos lectores. No doy luz. Por ratos me enrollo en una nube oscura por problemas tan terrenales como el dinero y las cuentas. Sin embargo no todo esta perdido. No soy una persona triste y no quiero darles esa impresión. Soy una persona con un reto que no he podido superar. Soy una persona que por momentos no sabe que hacer, pero que persiste con una dificultad que estoy seguro que superaré. Será tan testarudo como Lucas a las 5 am diciendome que no se quiere bañar. Tan obstinado como Leito que quiere caminar sin que nadie le tome la mano. Tan valiente como mi esposa que se cambió de carrera por que es su sueño.

Tengo un reto que superar, y no siempre sé como hacerlo, no siempre quiero hacer el esfuerzo que tengo que hacer para lograrlo pero les diré un secreto. La lucha es adentro. La batalla es contra el desentusiasmo, contra la pereza, contra la conformidad y sobre todo, con la ilusión de que todo sueño que tengamos nos lo merecemos porque ya lo soñamos.

Si yo tengo una meta en especifica, debo tener una submeta y una micrometa.

Por ejemplo: Quiero ganarme a un cliente. Esa es mi meta. Mi submeta es preparar una propuesta y una oferta que lo pueda convencer de comprarme a mi. Mi micrometa es salir a a tiempo de mi casa para llegar a mi oficina y trabajar en la propuesta. Si tenemos las metas pero no podemos valorizar la submeta ni la micrometa en nada estamos. Así que, amigos mios, tengo un reto. No sé como superarlo, pero cuando lo haga, les prometo, que tendré una sonrisa en mi rostro aunque ahorita mi cabeza este abrumada pensando en todo lo que mi reto me tiene propuesto como obstaculos.

 

El aguacate olvidado

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Me quebró. Algo tan sencillo como las consecuencias de haber olvidado un aguacate me despedazaron y me sacaron lágrimas de los ojos. Ok. Tal vez no fue eso pero mejor lo leen más adelante.

Esta semana había sido muy ajetreada. Nos despertamos temprano como siempre pero ya que comenzaron las clases inicia la urgencia de bañarnos, comer a tiempo, preparar loncheras, etc, etc. A eso aumentemos un niño de 3 años que no quiere salir  de la casa, que está triste porque su mamá tiene que ir a trabajar y furioso porque no se quiere bañar, ni poner esos calcetines, zapatos, pantalones y mucho peor esa camisa. El mundo se nos dio vuelta por las decisiones que hemos tomado y nos estamos ajustando a todos.

Han sido días locos,por momentos me siento increíblemente feliz y por otros me siento derrotado. Los cambios son normales pero son particularmente difíciles para los niños. Ellos se basan mucho en la rutina del día a día. Es base establecer una para el desarrollo humano y por lo tanto, salirse de la rutina puede ser problemático para ellos. Para nosotros, Lucas ha estado más necesitado de atención y desafía mucho más la autoridad mientras Leito simplemente come menos y quiere pasar más tiempo en brazos.

¿Como manejar una crisis así?

Pues antes de dar mi respuesta les quiero contar 2 historias.La primera es que el viernes, almorzamos sopa de tortilla y a este señor escritor le tocaba llevar el aguacate. Y como la persona responsable que soy, lo olvide. Fui por Lucas al kinder y me lo lleve a comprar aguacates. No lo pensé, solo nos fuimos juntos. No pensé en sus rutinas y mientras uno de los semáforos se ponía verde solo me grito “Papá Pipí ” y no había absolutamente nada que podía hacer. Se orinó. No se aguantó y no sentí que era su culpa. Era yo quien me había olvidado del aguacate. Era yo quien me había olvidado de llevarlo al baño antes de salir de la escuela. Llegamos a un vendedor de aguacates y ya casi regresando a la casa grito nuevamente que ya se hacía.  Aguantamos a llegar al baño y por supuesto que fue un gran chorro. No se había hecho mucho en los pantalones pero hay que saber definir cuando los problemas se dan por mala administración del padre o rebeldía del niño. Yo, particularmente, me sentí culpable. Ocupaba comprar los aguacates pero no consideré las necesidades de Lucas antes de ir por el aguacate. No pensé en el futuro ni en la mañana cuando prometí comprar las aguacates, ni al recoger a Lucas.

La  segunda historia fue de ayer. Hemos tenido muchos berrinches últimamente pero ayer… ah ayer… Lucas estaba muerto de sueño y con hambre. A eso agregemosle: Triste porque papa y mama tenían que salir en la noche y solo quería estar con nosotros. Después de estar horas peleando en la casa decidí sacarlo a pasear en el carro. Casi siempre lo duerme. Amarrarlo a su silla fue una guerra. Golpes a todos lados. Él solo quería ser libre. Ni siquiera me estaba escuchando. Sentí una gran cólera entrar dentro de mi. Me dieron ganas de cerrar la puerta de carro con furia y gritarle que se calmara. No lo hice. Me quedé callado y le puse el cinturón.  No le dije nada. Estaba demasiado enojado para hablar. En el camino Lucas gritaba que lo dejará allí a él (en la calle) porque ya no quería seguir en el carro. Entonces simplemente  lo vi y le dije “Dejarte aquí en la calle es algo que me haría muy triste. La manera que me estás hablando,  con gritos irrespetuosos, es tan feo que me hace muy triste. No sabes lo triste que estoy porque me estas tratando como si no me amas, porque a las personas que uno ama las cuida.” Paró de gritar y me dijo que yo no lo amaba, que él también se sentía muy triste y que sólo quería estar con papá y mamá. No dejó de llorar rápido pero le repetí que lo amaba y que el era un niño bueno que se estaba comportando feo, que yo estaba seguro que él podía ser gentil, que podia hablar de cómo se siente sin ser maleducado.
No hay una manera fácil de hacer esto. Hubieron partes de esa segunda conversación que me sacaron lágrimas.  Yo sé que yo no estoy en la mejor posición.  Ando con mucha ansiedad y por momentos siento que hay una nube negra en los cielos. Pero ¿cómo lo verán ellos? Si están siendo malcriados, no les digan que son niños malcriados. Esto es darles un título negativo. Mejor hablémosles con refuerzo positivo. Lucas es un niño muy bueno que se está portando mal. Leito es un niño que come bien solo que lo haría mejor si no tirara la cuchara al suelo. Etc. Etc. Es un practica complicada que puede ayudarle mucho a como si hijo se ve a si mismo. Todo es perspectiva y es mejor verse como una persona buena que se ha equivocado, como una persona mala que ocasionalmente hace algo bien.

En un mundo donde los niños están sufriendo de cambios hay que tener paz interior.  Saber que sus actuaciones son provisionales y no eternas. Si les ayudamos a superará esos momentos difíciles podemos engrandecer su alma y hacerlo mejores personas en el día a día. No es dejarlos ser malcriados, es aprender a distinguir la causa de todos los males y eso, muchas veces nos hará ver más hacia nosotros mismos que hacía ellos.
Ahora los dejo… escucho gritos de que Leito esta comenzando a caminar. Adiós!

La Misión

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El día de ayer estábamos cenando en la casa de dos buenos amigos, en su primer año de matrimonio, luchando como todos para ser cada dia más felices, cuando mi amigo me pregunta por este blog. Mi respuesta inmediata fue dar una excusa. Llevo meses queriendo escribir y justo le he puesto un recordatorio para hacerlo, sin embargo todos sabemos que no lo he hecho. Este año ha sido uno lleno de cambios y tener este blog activo no es uno. La verdad es que la vida se mueve hacia donde uno la lleva.

Mi excusa fue que no tenía tiempo por el trabajo y la familia pero son viles mentiras. En el día a día hay poco tiempo si, eso es cierto. Hacer algo con dos niños chiquitos en la casa, a tu lado, extrañandote y deseosos de compartir tu tiempo, es imposible.  Im-po-sible. Cada vez que me venga a trabajar a la casa me veo cumpliendo el 25% de lo que me había mentalizado. Hay un cansancio constante pero no es molestia porque al mismo tiempo todo que hacen ellos te hace tan feliz.

El truco para cumplir tus metas y propósitos está basado en tus acciones. Todos los días dar un paso adelante y, lo que más me ha dado resultados a mi es hacer cada labor con 100% de dedicación. Los interruptores día a día son demasiado así que mejor dejarlos. Por completo. El resultado es impactante. Si estoy jugando con los niños eso es lo que hago. Dejo todo al lado y en realidad les pongo atención.  Disfruto de sus ojos, sus facciones, sus sonrisas, sus chistes y payasadas. Están en una edad donde lo que hacen este mes no lo volverán a hacer jamás en su vida o se volverá ordinario. Superan sus metas a diario y debo estar atento en los momentos que estemos juntos.

En el trabajo esto se traduce en: trabajar en la presentación x (45min), revisar correo (20mins), manejar redes sociales  (20mins), crear contenido publicitario (40min) etc etc. Claro que hay interrupciones y no todo se hace en el tiempo propuesto pero ¿cómo estaría mi blog si una vez a la semana le dedicará 29 minutos?

Algo que me ha ayudado a mantener mis metas a corto plazo es una hoja que llamo la misión. Es una hoja carta que tengo pegada en el baño donde escribo mi meta más importante para la semana, para el mes, para el trabajo, para mi placer personal y para el bienestar de mi familia acompañado de una frase inspiracional. Estaré adjuntando un pdf con el link de descarga pero aquí va una foto del mio. Me disculpo pero diseñado solo esta la versión de Star Wars (mio) y uno que hice para mi esposa. Si quieren poder editarlo me pueden escribir al correo para explicarles como.

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(LINK DE DESCARGA: https://www.dropbox.com/s/j515a2ujp1tr21f/The%20Mission.pdf?dl=0)

En fin, Leito se está despertando y son las 5:24 am. Trabajemos por alcanzar nuestras metas y dedicarle tiempo a lo más importante de nuestras vidas multifaceticas.  Lo importante es hacer algo todos los días para cuidar y mejorar lo que tenemos. Una flor para tu esposa, una bolsa de confites para tu hijo, 30 minutos solo para pintar ya sea solo o con ellos, has lo que tengas que hacer pero hazlo.

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Tiempo en Familia

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Hace mucho tiempo he querido hacer este post, y no lo había hecho esperando la oportunidad de poder llevar a Lucas a disfrutar de un “Cuenta Cuentos”, del que me hablaron hace más de dos meses.

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Me he dado cuenta que perdemos mucho esperando a que las cosas que queremos sucedan, y no disfrutamos lo que estamos viviendo. Creamos tanta expectativa de los eventos que esperamos que cuando, si es que, suceden nos sentimos un poco decepcionados. Estoy tratando de forzarme a disfrutar de las cosas que veo a diario, hasta que lo vea así de manera natural.

Quienes me conocen saben que soy una persona extremadamente ansiosa y hasta un poco “obsesivo-compulsiva” jajaj, pero haré mi mayor esfuerzo para disfrutar hasta del desorden que ocasiona Leito para comer.

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Y hablando de disfrutar, les comparto una muy linda experiencia que, a pesar de no haber sido como lo tenia planeado, fue sorprendentemente agradable.

Hace varios meses fuimos a visitar la librería Casa Sol, haciendo tiempo para otro compromiso. Leo decidió llevarme a tomar un café y queríamos elegirle un nuevo libro a Lucas que, como les hemos comentado, es apasionado por los libros. A raíz de la simplicidad que ofrecen los audiolibros habíamos perdido el interés de visitar librerías como esta, pero que error habíamos cometido. Encontramos un ambiente tan agradable y lo que más nos gustó fue que es muy apto para llevar a sus niños.

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Muchas veces, cuando sos papá y querés salir de la casa lo que te frena es que no encontrás lugares adonde llevar a tus hijos. Cierto que técnicamente pueden ir a cualquier lugar, pero no es cómodo en todos lados, son raros los lugares en los que no te darán miradas llenas de juicio cuando uno de tus hijos hace berrinches (porque esperan a salir adonde hay público para hacerlo). La primera vez fuimos con Leito y no tuvimos ningún inconveniente, y cuando nos comentaron que todos los sábados realizan una lectura de 4:00 a 5:00 pm me sentí muy emocionada, una actividad que podía hacer con Lucas fuera de casa, y que involucraba a otros niños. Era perfecto.

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Y luego esperé a que fuera el momento oportuno para llevarlo (2 meses después) y el no quiso escuchar los cuentos. Al inicio se sentó y prestó 10 minutos de atención pero simplemente el grinch tendrá que esforzarse más para captar su interés la próxima vez. Lo que sí le emocionó fue encontrar títeres y muchos libros apropiados para su nivel de los cuales escoger. Como era de esperar, el que más quería llevarse era una colección de Disney completamente fuera de nuestro presupuesto, jajaj.

En general fue una tarde muy divertida, ya que salimos los cuatros y todos nos divertimos. Realmente les recomiendo esta librería Casa Sol, Lucas hasta disfrutó mucho de la repostería y el café estaba delicioso!

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Hasta la próxima!

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La dificil tarea de la perseverancia

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La vida parece ser mucho más fácil cuando uno simplemente recoge los juguetes después de sus hijos. ¿Cuanto tiempo nos toma? ¿3 minutos? ¿a ellos? Entre 45 minutos y 3 años luz. Darles de comer más fácil que limpiar la ropa, el pelo, las manos, el mantel, el suelo, la pared, el carro y la pared de la casa del vecino de spaghettis. Sin embargo no debemos ceder. Esta es la enseñanza que les estamos dando. Ellos deben aprender a guardar sus juguetes, a comer con su tenedor, a controlar el vaso de agua sin derramarlo, a guardar las bolsas del super mercado. Estamos enseñándoles a ser humanos y unos que valgan la pena como adultos.

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Nosotros estamos estado sin ayuda en la casa por el último mes y medio y, mientras más nos ve Lucas recoger las cosas, más nos ayuda. Más le pedimos que haga. No me malinterpreten. No le estoy pidiendo que nos haga el desayuno. Cada edad tiene un rango de colaboración. Me emociona tantísimo ver a Lucas ayudar a su mamita linda a guardar los pañales de Leo, a botarlos a la basura y a traer uno nuevo.

Todo es un proceso de aprendizaje. Absolutamente todo. Es aquí donde debemos enfocarnos en enseñarles los valores que deseamos que posean como adultos.

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Hemos botado basura, regado las plantes, operado Leones que no se podían parar más, bañado a nuestra mascota Peanut, etc, etc. No crean que nuestra casa está limpia al 100%. Son 2 niños los que tenemos y no somos magos. Tenemos que trabajar y trabajar mucho pero es parte de la idiosincracia de la vida. Espero que mis hijos aprendan el valor del trabajo y me enfocaré en enseñárselo cuando tengan edad.

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Me di cuenta hace poco que esto de “PERSEVERAR” no se limita a las enseñanzas fáciles. Si, enseñarle a tu hijo a que tomar en un vaso sin tapadera es fácil por más agua que sea derramada. En una piñata Lucas se quería subir a un saltarín y para quien lo conoce sabe que le encantan esas cosas pero entra temeroso. Nosotros lo incitamos a abrirse a experiencias nuevas que le ayuden a salir de su zona de comfort. Es allí donde encontramos una batalla que me costó a mí mucho y me llevo a escribir este post. Mirá la siguiente foto.

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Este era nuestro talón de Aquiles. Aquí es donde Lucas sintió temor y frustración. Del otro lado de este tipo de escalera hay un deslizador al cual Lucas quería llegar. Cuando Lucas llegó a esta parte del saltarín se detuvo por un par de minutos. Otros niños subieron y se dio vuelta y me dijo, “Ayuda Papá.” Algo completamente inocente. ¿Como no le voy a ayudar? Lo hago a diario para bajarse de la silla del comedor, a alcanzar algún animal que está atrapado debajo de la cama, a quitarse la camisa, a abrir algún jugo, etc.

Sentí como todo dentro de mi decía “Andá Leo — tu hijo te ocupa —  es algo complicado —  ayudale a divertirse.” Sin embargo algo dentro de mi me detuvo. Yo sabía que él podía. Otros niños lo habian hecho y está diseñado para niños pequeños. Me quedé allí. Del otro lado y lo comencé a alentar. “¡Vos podés subir eso Lucas! ¡Claro que si! Andá.” Le di mil instrucciones y comenzó. Luego se deslizaba y se enojaba. Frustrado, sin poder escalar, gritaba “¡Ayuda papá! ¡Tatas (su apodo para si mismo) no puede! ¡Tatas no puede!” acompañando las palabras con lágrimas. Comenzó el llanto pero yo le seguía alentando. Mi corazón se hacia pedazos. Habían pasado como tres minutos y él no había podido subir. ¿Lo subo? ¿Le ayudo a escalar por lo menos? Pero me quedé allí. Pasaron lo que yo sentí que fueron 30 minutos pero lo más seguro fueron otros cinco. Cada vez que se deslizaba gritaba de cólera Lucas y mi miraba, con ojos llenos de lágrimas y dudas. Yo le respondía con amor y seguridad, “Yo sé que podés hijo. ¡Te falta poco!,” y hacía todo para que mi lenguaje no verbal dijera la mismo. Confianza en él mismo es lo que debía de transmitirle y palabras de amor y de aliento. Al final, cuando llego, su cara de gozo fue uno de las recompensas escondidas que más aprecio. Allí, en su rostro aún con lágrimas brillaba una sonrisa que cargaba orgullo y emoción. Lo había hecho y completamente solo. No tardó en bajar por el otro lado del deslizados y volver a intentar. Se seguía frustrando por que no podía subir rápidamente y después de que lo hizo solo unas veinte veces más me subí a acompañarlo. Le ayude a subir al final, pero simplemente al final cuando ya tenía sueño pero no quería parar de jugar.

wpid-20150912_121039.jpg Luego partimos el pastel, le pegamos juntos a la piñata y nos venimos a la casa. Fue un día que recuerdo con alegría. Batallamos al gran monstruo del temor y la inseguridad. Le cortamos la cola y pasamos sobre él. Este es un monstruo que nunca muere pero se debe aprender a dominar. Esta vez lo hicimos juntos. En esto también debemos perseverar. En la lucha contra los demonios internos a pesar de querer protegerlos de la bestia. Debemos dejarlos afrontarlos, a pesar de que como papas no queramos, a pesar de que sea fácil olvidar la importancia de enseñarles a batallar y defenderse por su cuenta propia. Ayudémosles mientras los monstruos sean pequeños y controlables. No los dejemos llegar a ser adultos cuyos encuentros son más difíciles y con mayores consecuencias.

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Encomendémoslos y protejámoslos enseñándoles el camino más recto, más gallardo, menos transitado.

Lucas, te quiero leer un cuento…

Criando Cusucos, Incentivar a los niños, Leo

Había una vez un fantástico niño llamado a Lucas. Divertido, encantador (aunque pueda ser huraño) y muy activo, le encantaba saltar, brincar, correr, jugar y hacer tanto más. Una cosa más le gustaba hacer. Un hábito que muchos adultos olvidamos mantener. Lucas disfruta de leer aunque no pueda entender ninguna agrupación de letras más que su nombre. Conoce algunas letras, y las conoce muy bien. La letra A por ejemplo, donde sea que la vea, la identifica con facilidad.

Disfrutando un libro que le dieron en su cumpleaños

Disfrutando un libro que le dieron en su cumpleaños

Sus padres tomaron la costumbre de leerle todas las noches. Lo hacen lo más que pueden y fallan apenas 1 vez cada 2 semanas. A veces es aburrido para sus padres leer las mismas historias una y otra vez pero Lucas las disfruta, queriendo, muchas veces, las misma historia 3 veces a la vez.

Mama leyendo con Lucas

Mama leyendo con Lucas

De tanto leer los mismos cuentos su padre un día dijo: “Lucas, déjame contarte un cuento…” y se inventó uno al instante. No era nada espectacular. Tenía el cuento algunos personajes favoritos del gran niño, a propósito por supuesto, como la vaca, el cerdo y la jirafa. Es así, como de cuando en cuando, su papa le inventaba los cuentos.

Algunos de los Libros que tenemos

Algunos de los Libros que tenemos

Es así como el padre de Lucas decidió escribirle 30 cuentos para publicarlos gratuitamente. Los cuentos están aún en producción pero aquí les dejamos uno para su diversión.

 

Un gran saludo,

Leo

 

Elefantes marchando

Ben ama los animales. Pueda que tu también lo hagas. Los animales son seres increibles y muy interesantes. Un dia de invierno Ben miró un video muy divertido de un elefante coronel marchando en la jungla. Ben se enamoró y queria tener miles de elefantes de juguetes. Se memorizo la canción y la bailaba cuando jugaba.

Un dia, llegó Papá Cusuco muy cansado del trabajo.  Inclusive se fue a desvestir de su ropa usual de saco y zapatos negros para ponerse su pijama sin tan siquiera saludar a Mama Cusuco ni a Ben. Regresó con el pelo mojado porque se había lavado la cara. Papa Cusuco les comenzó a contar que había tenido un día muy difícil, llenos de números positivos y negativos, problemas que no pudo resolver y más cosas que Ben no había escuchado a su papa decir antes sobre su trabajo. Lo que Ben si estaba seguro es que se miraba triste y enojado. Tenia la misma cara que Ben pone cuando se sentía mal porque no conseguía amarrarse los zapatos o cuando, después de muchos intentos, no encestaba la pelota en la canasta. 

Fue justo cuando Ben pensó en cómo se sentía Papá Cusuco que tuvo una grandiosa idea. Cuando Ben se siente mal, Mama y Papa hacen algo para alegrarlo. Ben podía ya ver a Mamá tomando la mano de Papá y acariciando la cara. Entonces Ben salió corriendo a su cuarto, tomó todos los elefantes que encontró, y se puso una cinta en la cabeza y la sujeto con una gorra puesta para atrás. Regresó a la sala de estar, colocó a los elefantes en una posición frente a donde Mamá y Papá platicaban y cantó a gritos la canción de los elefantes. Hizo todos los pasos que se acordaba y pudo contemplar, como mientras se iba aproximando al final de la canción, Papá Cusuco estaba sonriendo.

Al finalizar la canción Ben se quedó inmóvil frente a sus papas y Papá Cusuco se levanto de donde estaba sentado, se puso de rodillas frente a Ben y le murmuró “Gracias hijo. Te amo mucho.”